Los retos de la educación en la modernidad líquida.


Holaa, hoy me gustaría compartirles lo que me ha parecido interesante de mi lectura de “los retos de la educación en la modernidad líquida” de Zygmunt Bauman. Seguiré las divisiones del libro para llevar un orden, acotando mis ideas favoritas y que me han parecido interesante compartir con vosotros.


En el prólogo Violeta Nuñez nos desarrolla “una especie lateral de la crítica” de la que destaco las siguientes ideas:


  • Apoyándonos en que la cultura presente busca reinventarse continuamente,   Bauman afirma que hay algo irónico en la sucesión incesante de renaceres cuando esta se hace buscando lo auténtico, ser uno mismo a cada momento. 

Refiriéndose en esto desde los “retoques estéticos” a los seguimientos en masa de la última moda, los estilos uniformes, intentando diferenciarnos del resto buscando ser uno mismo, cambiando lo que somos para ser como el resto.

  • Se presenta la idea de los proyectiles inteligentes. Los jóvenes de esta época saben cambiar de dirección, son adaptativos, y detectan inmediatamente las consecuencias de sus cambios de trayectoría, permitiéndoles una actualización y rectificación de la misma, pues es su forma de sobrevivir a este mundo en crisis con nada seguro. Esto lleva a que sean más desconfiados ante las promesas o principios que se basan en un mundo distinto al actual, cuestionando por ello la educación como promesa de futuro y exigiendo su reconstrucción como “educación para la vida”.

  • Bauman afirma que es prácticamente imposible que los principios del mundo mercantil cambien, por ello hay que buscar otorgar poder a la educación, de forma que exista la necesidad de que esta apunte y aporte sus saberes y quehaceres a la construcción de una nueva ciudadanía, situandola fuera de la trampa economicista.


INTRODUCCIÓN:


  • Cada vez son más abundantes las oportunidades de comprar lo que antes había que hacer. Pues una vez que se ha instalado esa concepción de “mejoramiento” tiende a expandirse en espiral y a situar en la categoría de tareas evitables y desagradables una cantidad cada vez mayor de actividades que antes se realizaban de buena gana. De esta forma labores que solían efectuarse diariamente, en general sin quejas y a menudo con placer, han llegado a considerarse y experimentarse como un pérdida desechable, aborrecible y detestable de tiempo y energía.


EL SÍNDROME DE LA IMPACIENCIA:


  • El emblema de privilegio es el acceso a los atajos, a los medios que permiten alcanzar la gratificación instantáneamente. La posición de cada uno en la escala jerárquica se mide por la capacidad (o la ineptitud) para reducir o hacer desaparecer por completo el espacio del tiempo que separa el deseo de su satisfacción. El ascenso en la jerarquía social se mide por la creciente habilidad para obtener lo que uno quiere (sea lo que fuere eso uno que uno quiere), ahora, sin demora.

  • “No me gustaría, al hacer el repaso de mi vida ver que encontré un empleo y permanecí en él para siempre sólo porque era seguro”. Este es un testimonio en una entrevista que sustenta la idea de que las generaciones más modernas tienen miedo al compromiso.

  • “No puede usted imaginar lo estupido que me siento cuando les hablo a mis hijos de compromiso. Como es una virtud abstracta, no la ven en ninguna parte”. Este es un padre que expresa su decepción ante la generación moderna.

  • Antes concebiamos que el tiempo era un valor, el tiempo era importante, era algo que debiamos atesorar y cuidar, como hacemos con nuestro capital y nuestras inversiones. El “síndrome de la impaciencia” transmite el mensaje inverso: el tiempo es un fastidio y una faena, una contrariedad, un desaire a la libertad humana, una amenaza a los derechos humanos y no hay ninguna necesidad ni obligación de sufrir tales molestias de buen grado. El tiempo es un ladrón. Si uno acepta esperar, postergar las recompensas debidas a su paciencia, será despojado de las oportunidades de alegría y placer que tienen la costumbre de presentarse una sola vez y desaparecer para siempre. El paso del tiempo debe registrarse en la columna de débitos de los proyectos de vida humanos; trae consigo pérdidas y no ganancias. El paso del tiempo presagia la disminución de oportunidades que debieron coger y consumirse cuando se presentaron.

  • Existe una creciente idea de considerar la educación como un producto antes de como un proceso. Cuando es considerada como un producto, la educación pasa a ser una cosa que se consigue, completa y terminada, o relativamente acabada. La implicación es que el graduado aprendió todo lo que necesitaba saber acerca de las técnicas y aptitudes, aspiraciones y valores de la lengua, las matemáticas y todo conocimiento acumulado sobre las relaciones del hombre con otros hombres, así como también su deuda con el pasado, el orden natural y su relación con él: en suma todo aquello que necesitaba saber, es decir que se le exige para obtener un determinado empleo.

  • Mayer prefiere entender la educación como una empresa continua que dura toda la vida, no entendiendo la concepción del conocimientos en pequeñas porciones, una para aca oficio o profesión, pues una persona culta tenía el deber de no conformarse con su propia “porción profesional”


EL CONOCIMIENTO:


  • Las posesiones duraderas, los productos que supuestamente uno compraba una vez y ya no reemplaza nunca más (y que obviamente no se concebían para ser consumidos una única vez) han perdido su encanto antiguo.

  • Un profesor de Harvard Business School aconseja a sus lectores que eviten quedar atrapados en empleos de larga duración del tipo “puesto permanente” y, en realidad, desaconseja una lealtad institucional o dejarse absorber demasiado en cualquier empleo durante un tiempo prolongado.

  • En el mundo de la modernidad líquida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los vínculos humanos, se interpreta como una amenaza.

  • La perspectiva de cargar con una responsabilidad de por vida se desdeña como algo repulsivo y alarmante.

  • La alegría de “deshacerse” de las cosas, de descartarlas, de arrojarlas al cubo de la basura, es la verdadera pasión de nuestro mundo. 

  • La capacidad de durar mucho tiempo y servir indefinidamente a su propietario ya no juega a favor de un producto. Por lo tanto hay que evitar las posesiones de larga duración de las que no es fácil librarse. El consumismo de hoy no se define por la acumulación de cosas, sino por el breve goce de esas cosas.

  • En el torbellino de cambios, el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez. Los conocimientos listos para el uso instantáneo e instantáneamente desechables de ese estilo que prometen los programas de software (que desaparecen de las tiendas cada vez más rápido) resultan mucho más atractivos.

  • Lo que diferencia al producto no dura mucho pues el impacto de la novedad se desgasta rápidamente. Por lo tanto, el destino de la mercancía es perder valor de mercado velozmente y ser reemplazada por otras versiones “nuevas y mejoradas” que pretenden tener nuevas características diferenciales, tan transitorias como las de los productos que acaban de ser desechados. Concentrar el valor en lo diferencial es una manera de devaluar, oblicuamente, el resto del conjunto, el resto que no ha sido afectado por el cambio, pues este sigue siendo igual.

  • En una cantidad cada vez mayor de ciudades de EEUU, los permisos para construir sólo se entregan junto con su correspondiente permiso de demolición.


EL CAMBIO CONTEMPORÁNEO.


  • El aprendizaje está condenado a ser una búsqueda interminable de objetos siempre esquivos que, para colmo, tienen la desagradable y enloquecedora costumbre de evaporarse o perder su brillo en el momento en el que se alcanzan. Y puesto que las recompensas por obrar apropiadamente tienden a trasladarse diariamente a diferentes lugares, los esfuerzos redoblados puede ser reconfortantes, pero también engañosos: son trampas de las que hay que cuidarse y que conviene evitar, pues pueden instilar hábitos e impulsos que en poco tiempo habrá de revelarse inútiles, si no ya dañinos.

  • Existen nuevos términos que transmiten un mensaje de fluidez, de flexibilidad y de corta vida. Las personas que despliegan estas expresiones andan en busca de organizaciones de estructura no muy firme fáciles de reunir, desmantelar y reorganizar según lo requieran las cambiantes circunstancias notificándose con muy poca antelación o directamente sin previo aviso. Esta forma fluida de montar y desmontar es la que mejor se ajusta a la percepción que tienen del mundo que los rodea: un mundo múltiple, complejo y en veloz movimiento y por tanto ambiguo, enmarañado y plástico, incierto, paradójico y hasta caótico.

  • Toda sabiduría y todo conocimiento de cómo hacer algo sólo puede envejecer rápidamente y agitar súbitamente la ventaja que alguna vez ofreció. De ahí que hoy se presentan como preceptos de la efectividad y la productividad. la negatividad a aceptar el conocimiento establecido, la renuencia a guiarse por los antecedentes y la sospecha que despierta la experiencia acumulada. Uno es tan bueno como su éxitos, pero en realidad sólo era tan bueno como su último proyecto de éxito.

  • En un mundo volátil como el de la modernidad líquida, en el cual casi ninguna estructura conserva su forma el tiempo suficiente como para garantizar alguna confianza y cristalizarse en una responsabilidad a largo plazo, andar es mejor que estar sentado, correr es mejor que andar, y hacer surf es mejor que correr.


LA MEMORIA

  • El aprendizaje y la educación fueron creados a la medida de un mundo que era duradero y esperaba continuar siendo duradero y apuntaba a hacerse aún más duradero de lo que había sido hasta entonces. En semejante mundo la memoria era un valor positivo, tanto más rico cuanto más lejos en el pasado lograr llegar y cuanto más tiempo se conservará. Hoy, una memoria tan sólidamente atrincherada parece, en muchos casos, potencialmente inhabilitante, en muchos más engañosa y, en la mayoría, inútil.

  • Quien quiera tener éxito en la organización que ha reemplazado las situaciones laborales del tipo “laberinto de ratones de laboratorio” debe mostrarse jovial, dueño de aptitudes comunicativas, abierto y curioso, ofreciendo a la venta su propia persona, la persona completa, como un valor único e irremplazable que mejorará la calidad del equipo. Ahora es responsabilidad del empleado en funciones o del que aspira a serlo monitorearse para poder estar seguro de que su forma de actuar es convincente y tiene probabilidades de hallar aprobación no solo en el presente sino en cualquier ocasión, en caso de que el gusto de quien lo examina cambie. Ya no es tarea de los jefes moderar las idiosincrasias de sus empleados, homogeneizar sus comportamientos ni mantener acciones dentro del rígido marco de la rutina.

  • Los hombre y mujeres de la modernidad líquida quieren tener asesores que les enseñen cómo marchar, antes que maestros que les aseguren que están recorriendo la única carretera posible, ya abarrotada. Los asesores que buscan, y por cuyos servicios están dispuestos a pagar lo que haga falta pagar, deberían ayudarlos a excavar en la profundidad de su carácter y de su personalidad, donde se presume que están los yacimientos de precioso y sólido metal pidiendo a voces que se les descubra. Estos consejeros habrán de reprochar probablemente la pereza o la negligencia de sus clientes antes que su ignorancia y les enseñaran el cómo en el sentido de sabiduría, ese saber que los educadores ortodoxos deseaban impartir a sus discípulos y que saben transmitir muy bien.

  • Paul Virilio: El mundo actual ya no tiene ningún tipo de estabilidad, escurriendo silenciosamente.

  • El futuro ya no es un tiempo que se persiga. Sólo aumentará las complicaciones presentes, acrecentando exponencialmente la inutil y sofocante masa de conocimiento, impidiendo la salvación que seductoramente ofrece. La completa masa de conocimiento en oferta es el principal obstáculo que impide aceptar esa misma oferta. Y también es la principal amenaza a la confianza humana: seguramente debe de haber en alguna parte, en esta aterradora masa de información, una respuesta a cualquiera de los problemas que nos atormentan y así es cómo, si no se consigue hallar la respuesta, sobreviven inmediata y naturalmente la autocrítica y el menosprecio por uno mismo.

  • La masa hace que sus contenidos parezcan uniformemente descoloridos. Podríamos decir que en esa masa cada pizca de información fluye con el mismo peso específico. Y la gente, a la que se le niega el derecho a opinar por sí misma por la falta de pericia pero que es constantemente abofeteada por las corrientes cruzadas de las contradictorias declaraciones de los expertos, no tiene manera de separar la paja del trigo.

  • En la masa, la parcela de conocimiento recortada para el consumo y el uso personal sólo puede evaluarse por su cantidad; no hay ninguna posibilidad de comparar su calidad con el resto de la masa. Una porción de información es igual a otra. Los programas de preguntas y respuestas de la televisión reflejan fielmente esta nueva uniformidad obtusa y desconcertante del conocimiento humano: el competidor recibe la misma cantidad de puntos por cada respuesta acertada, independientemente del tema que se refiera a la pregunta. La importancia de las preguntas y la consecuente trascendencia de las respuestas no cuenta. Y si lo hiciera ¿como se compararon y medirían?


CONCLUSIÓN:

  • Asignar importancia a las diversas porciones de información y más aún asignar a algunas más importancia que otras probablemente sea una de las tareas más complicadas y una de las decisiones más difíciles de tomar. La única regla empírica que puede guiarnos es la relevancia momentánea del tema, una relevancia que, al cambiar de un momento a otro, hace que las promociones de conocimiento asimiladas pierdan su significación tan pronto como fueron adquiridas y, a menudo, mucho antes de que se les haya dado buen uso. Como otras mercancías del mercado, son productos concebidos para ser consumidos instantáneamente en el acto y por única vez.

  • Aún debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información. Y también debemos aprender el aún más difícil arte de preparar a las próximas generaciones para vivir en semejante mundo.


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